lunes, 25 de abril de 2016

CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN (5 y 6)


CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN
Por: Yogi Ramacharaka (William Walker Atkinson)

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CAPÍTULO V
EL SISTEMA NERVIOSO

Se ha de notar que las teorías científicas occidentales referentes a la respiración, se limitan a la absorción del oxígeno y su uso a través del sistema circulatorio, mientras que la teoría yoghi toma también en cuenta, la absorción de prana y su manifestación por los canales del sistema nervioso. Antes de seguir adelante, puede ser útil dar una rápida mirada al sistema nervioso.

El sistema nervioso del hombre se divide en dos grandes sistemas: el sistema cerebro-espinal y el sistema simpático. El cerebro-espinal consiste en toda aquella parte del sistema nervioso contenida en la cavidad craneana y el canal espinal; es decir, el cerebro y la médula espinal, así como los nervios y ramificaciones de aquellos. Este sistema preside las funciones de la vida animal conocidas como volición, sensación, etc. El sistema simpático incluye toda aquella parte del sistema nervioso localizado principalmente en las cavidades torácica, abdominal y pélvica, que se distribuye a los órganos internos. Controla los procesos involuntarios, tales como el crecimiento, la nutrición, etc.

El sistema cerebro-espinal tiene bajo su dependencia la vista, oído, gusto, olfato y tacto; y, es el motor que emplea el Ego para pensar, manifestar conciencia y ponerse en comunicación con el mundo exterior. Este sistema puede compararse a un sistema telefónico, constituyendo el cerebro la oficina central, y la médula espinal y nervios, los cables e hilos, respectivamente.

El cerebro es una masa de tejido nervioso y consiste de tres partes: el cerebro propiamente dicho, que ocupa la parte anterior, media y posterior del cráneo; el cerebelo o pequeño cerebro, que llena la parte inferior y posterior del cráneo, y la médula oblongada, que es el principio ensanchado de la médula espinal y está situada frente al cerebelo.

El cerebro es el órgano de aquella parte de la mente que se manifiesta como acción intelectual; el cerebelo rige los movimientos de los músculos voluntarios. La médula oblongada es el extremo superior de la médula espinal, y de ésta y del cerebro, se ramifican los nervios craneanos que se extienden a varias partes de la cabeza, a los órganos de los sentidos especiales de la respiración, y a algunos del tórax y abdomen.

La médula espinal, llena el canal de la columna vertebral y es una larga masa de sustancia nerviosa, que se ramifica por entre las vértebras, en los nervios que se dirigen a todas las partes del cuerpo. La médula espinal es semejante a un largo cable telefónico, y los nervios, a los hilos de uso particular en conexión con aquel.

El sistema nervioso simpático, consiste en una doble cadena de ganglios paralelos a la columna vertebral, y de ganglios diseminados en la cabeza, cuello, pecho y abdomen. (Un ganglio es una masa de tejido nervioso que contiene células nerviosas). Estos ganglios están en relación con otros, por filamentos, y con el sistema cerebroespinal, por los nervios motores y sensitivos. De estos ganglios se ramifican numerosas fibras y se dirigen a los órganos del cuerpo, vasos sanguíneos, etc. En diferentes puntos los nervios se encuentran y forman, lo que se conoce con el nombre de plexo. El sistema simpático controla, de hecho, los procesos involuntarios, tales como la circulación, respiración, digestión, etc.

El poder o fuerza que se transmite del cerebro a todas las partes del cuerpo por medio de los nervios, es conocido por la licencia occidental como fuerza nerviosa; pero el yoghi, sabe que es una manifestación de prana que tiene caracteres similares a los de la corriente eléctrica. Se ve que sin esta fuerza nerviosa, el corazón no pede latir, la sangre circular, los pulmones respirar, varios órganos funcionar, y, en fin, que sin ella se pararía la máquina del cuerpo. Aún más: el cerebro mismo no puede pensar sin la presencia de prana. Cuando se consideran estos hechos, la importancia de la absorción de prana se hace evidente para todos, y la ciencia de respirar adquiere un valor mayor del que la ciencia occidental le concede.

Las enseñanzas yoghis van más allá que la ciencia occidental, en una importante particularidad del sistema nervioso. Aludimos a lo que aquella llama plexo solar, y considera simplemente como una de las series de aglomeraciones de nervios simpáticos y ganglios que se encuentran en diferentes partes del cuerpo. La ciencia yoghi enseña que este plexo, es, en realidad, una parte muy importante del sistema nervioso; y constituye una especie de cerebro que desempeña una de las misiones más principales en la economía humana. La ciencia occidental, sin embargo, parece acercarse gradualmente al reconocimiento de este hecho, conocido por los yoghis orientales desde hace siglos. Algunos escritores occidentales modernos han denominado al plexo solar, cerebro abdominal.

El plexo solar está situado en la región epigástrica, detrás de la boca del estómago y a cada lado de la columna vertebral. Se compone de materia cerebral blanca y gris, similar a la de los otros cerebros del hombre. Tiene bajo su contralor los principales órganos internos y desempeña un papel más importante de lo que generalmente se le reconoce. No profundizaremos la teoría de los yoghis, concerniente al plexo solar, y nos limitaremos a decir que lo conocen como el gran depósito central de prana. Es un hecho conocido el de la muerte instantánea de hombres, producida por un golpe recio dado sobre el plexo solar, y los luchadores profesionales se aprovechan de esta vulnerabilidad para paralizar momentáneamente a sus adversarios, golpeándolos en aquella región.

El nombre de "solar", está bien aplicado a este cerebro, porque irradia fuerza y energía a todas las partes del cuerpo, y, hasta el cerebro superior depende de él, dada su cualidad de depósito de prana. Tarde o temprano, la ciencia occidental reconocerá la función real del plexo solar, y le concederá un puesto mucho más preferente del que ocupa actualmente en sus enseñanzas y libros de texto.


CAPÍTULO VI
RESPIRACIÓN NASAL VERSUS RESPIRACIÓN BUCAL

Una de las primeras lecciones de la ciencia yoghi de la respiración, está dedicada a enseñar cómo se respira por la nariz, y cómo se extirpa la práctica común de la respiración bucal.

El aparato respiratorio del hombre está constituido de tal manera, que puede respirar tanto por la boca como por los tubos nasales; pero la cuestión de vital importancia es el método que se siga, pues de él dependerá la salud y fuerza, o la enfermedad y debilidad.

No debería ser necesario decir al estudiante que el método normal de respirar, es el tomar el aire a través de las fosas nasales; pero, ¡ah! La ignorancia de este simple hecho entre los pueblos civilizados es sorprendente. Encontramos personas de toda condición social que respiran habitualmente por la boca, y dejan a sus hijos  seguir su horrible y repugnante ejemplo.

Muchas de las enfermedades a las cuales está sujeto el hombre civilizado, son indudablemente causadas por el hábito común de respirar de esta manera; crecen con su vitalidad alterada, su constitución debilitada y en temprana edad quedan inválidos para toda la vida. Entre los salvajes, las madres proceden más naturalmente en este asunto, porque evidentemente son guiados por el instinto.

Por intuición parecen reconocer que las fosas nasales son los canales propios para conducir el aire a los pulmones, y acostumbran a sus hijos a cerrar los labios y respirar por la nariz, inclinándoles la cabeza hacia adelante, cuando duermen. Nuestras madres civilizadas harían un gran bien a la raza si quisieran adoptar el mismo sistema.

Muchas enfermedades contagiosas se contraen a causa de la repugnante costumbre de respirar por la boca, y numerosos casos de resfríos y afecciones catarrales  reconocen el mismo origen.

Hay personas que por salvar las apariencias mantienen la boca cerrada durante el día, pero persisten en respirar por la boca durante la noche, y de esta manera se acarrean enfermedades. Cuidadosos experimentos científicos hechos con soldados y marineros, han demostrado que los habituados a dormir con la boca abierta estaban más sujetos a contraer enfermedades contagiosas, que aquellos acostumbrados a respirar debidamente por la nariz. Se narra un caso en el cual, la viruela, tomó carácter epidémico a bordo de un buque de guerra, y las defunciones ocurridas, fueron de marineros o soldados de marina, que respiraban por la boca.

El único aparato protector o filtro de los órganos respiratorios, consiste en las fosas nasales. Cuando se respira por la boca, no hay nada desde ésta a los pulmones que filtre el aire, deteniendo el polvo y cualquiera otra materia extraña. Además, esta respiración incorrecta, deja pasar el aire frío por los órganos, afectándolos por consiguiente. La inflamación de los órganos respiratorios proviene, con frecuencia, de la inhalación del aire frío por la boca; y, el hombre que respira así durante toda la noche, se despierta siempre con una sensación de sequedad en el paladar y la garganta. Viola las leyes de la naturaleza y así siembra los gérmenes de la enfermedad.

Una vez más: acordados que la boca no ofrece protección a los órganos respiratorios, y que el aire frío, el polvo, las impurezas y los gérmenes penetran sin obstáculo por aquella entrada. Por otra parte, las fosas nasales y los pasajes nasales muestran evidentemente la cuidadosa previsión de la Naturaleza a este respecto. Las fosas nasales son dos canales estrechos y tortuosos, que contienen numerosos pelos destinados a servir de tamiz y detener las impurezas del aire, que son luego expulsadas por las exhalaciones. Las fosas nasales no tienen solamente este objeto, sino que desempeñan también la importante misión de calentar el aire. Las largas y sinuosas fosas nasales, están tapizadas por una membrana mucosa y caliente, la cual tiene por objeto calentar el aire inhalado, de modo que no pueda perjudicar ni a los órganos delicados de la garganta, ni a los pulmones.

Ningún animal, excepto el hombre, duerme con la boca abierta o respira por ella; y, en realidad, se cree que el hombre civilizado es el único que así pervierte funciones de la naturaleza, pues las razas salvajes y bárbaras, respiran, por lo común, correctamente. Es probable que los hombres civilizados hayan adquirido este hábito impropio debido a excesos en el vestir, comer, o a costumbres enervantes.

En las fosas nasales se filtra, depura y refina el aire, antes de llegar a los órganos delicados de la garganta, y a los pulmones; proceso necesario para que sus impurezas no puedan perjudicar a aquellos. Las impurezas detenidas por las membranas mucosas de las fosas nasales, se arrojan con la exhalación, y en caso de que se hayan acumulado demasiado rápidamente o conseguido penetrar en regiones prohibidas, la naturaleza nos protege produciendo estornudos que expulsan violentamente las materias extrañas.

El aire, cuando penetra en los pulmones, es tan distinto del aire exterior como es el agua destilada del agua de la cisterna. La complicada organización purificadora de las fosas nasales, deteniendo e impidiendo el paso de las partículas impuras del aire, es tan importante como el acto de la boca deteniendo los carosos y huesos, evitando que pasen al estómago. Así como el hombre no intentaría tomar sus alimentos por la nariz, tampoco se le debería ocurrir respirar por la boca.

Otra consecuencia de la respiración bucal, es que los pasajes nasales, debido a su relativa inacción, no se conservan limpios y expeditos, y están, por consiguiente, expuestos a contraer enfermedades locales.

Así como los caminos abandonados se llenan rápidamente de yerbas y malezas, de la misma manera las fosas nasales que no funcionan se llenan de impurezas y materias diversas.

No es probable que aquel que respire habitualmente por la nariz esté expuesto a sufrir las molestias causadas por la acumulación de mucosidades y otras sustancias en las fosas nasales; pero, para el provecho de los que han estado más o menos habituados a la respiración bucal y que desean adquirir el método habitual y racional, talvez pueda ser conveniente agregar algunas palabras concernientes a la manera de conservar los tubos nasales limpios y libres de impurezas.

Un método favorito de oriente, consiste en absorber por la nariz un poco de agua, la cual se hace pasar por la garganta, y de esta se arroja por la boca.

Los yoghis hindúes, sumergen el rostro en un recipiente de agua y por medio de una especie de succión, absorben una cantidad regular de ella; pero este método requiere una práctica considerable, mientras que en el anterior es igualmente eficaz y de fácil ejecución.

Otra práctica buena consiste en colocarse delante de una ventana abierta y respirar libremente, teniendo cuidado de cerrar una fosa nasal con el índice o pulgar, y aspirar el aire por la que está abierta, repitiendo varias veces la misma operación alternativamente con una y otra fosa nasal. Esta práctica, por lo común hará desaparecer las obstrucciones de la nariz.

En caso de que la molestia sea causada por catarro, es conveniente aplicar un poco de vaselina blanca alcanforada, u otra preparación análoga.

Hemos tratado con mucha amplitud la cuestión de la respiración nasal, no solo por la gran importancia que tiene en su relación con la salud, sino, también, porque ella es un requisito previo a los ejercicios de respiración que se darán más adelante en este libro, y, constituye además, uno de los principios básicos de la ciencia de la respiración yoghi.

Insistimos en llamar la atención de los estudiantes, sobre la necesidad de adquirir este método de respiración si no lo tienen, y les aconsejamos no dejar de lado este aspecto del asunto, por considerarlo de poca importancia.

CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN (3 y 4)



CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN
Por: Yogi Ramacharaka (William Walker Atkinson)


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CAPÍTULO III
TEORÍA EXOTÉRICA DE LA RESPIRACIÓN

En este capítulo expondremos brevemente las teorías del mundo científico occidental acerca de las funciones de los órganos respiratorios y el papel que desempeña la respiración en la economía humana.

En los capítulos siguientes presentaremos las teorías adicionales y los hechos comprobados por las investigaciones de la escuela oriental. El oriental acepta las teorías y los hechos presentados por sus hermanos occidentales (que hace siglos conoce) y agrega mucho que ellos no aceptan por ahora, pero que a su debido tiempo descubrirán y, dándoles nombres nuevos, los presentarán al mundo como una gran verdad.

Antes de considerar la idea occidental será talvez conveniente dar una explicación somera de los órganos de la respiración.

Los órganos de la respiración consiste en los pulmones y los pasajes de aire que a ellos conducen. Los pulmones son dos, y ocupan la cámara pleural del tórax, uno a cada lado de la línea media, estando separados uno del otro por el corazón, los vasos sanguíneos mayores y los grandes tubos conductores del aire.



Cada pulmón está libre en todas direcciones excepto en la raíz, formada principalmente por los bronquios, arterias y venas que ponen en conexión los pulmones con la tráquea y el  corazón. Los pulmones son esponjosos y porosos, y sus tejidos son muy elásticos.

Están cubiertos por una envoltura delicada, aunque fuerte, conocida bajo el nombre de saco pleural, una pared de la cual se adhiere estrechamente al pulmón y la otra a la interna del pecho, y que segrega un fluido que permite a los lados internos resbalar suavemente uno sobre otro, en el acto de respirar.

Los pasajes de aire consisten del interior de la nariz, faringe, laringe, tráquea y tubos bronquiales. Cuando respiramos hacemos entrar el aire por la nariz, donde se calienta al ponerse en contacto con la membrana mucosa que está provista abundantemente de sangre, y después que ha pasado por la faringe y la laringe, entra en la tráquea; esta se divide en numerosos tubos, llamados tubos bronquiales (bronquios), los cuales a su vez se subdividen y terminan en nuevas y diminutas subdivisiones en todos los pequeños espacios de aire, de los que cuentan por millones los pulmones. Un escritor ha demostrado que si las células de aire de los pulmones fueran extendidas una al lado de la otra, cubrirían una superficie de catorce mil pies cuadrados.

El aire es introducido en los pulmones por la acción del diafragma, músculo grande, fuerte y delgado que se extiende a través del tronco separando la cavidad torácica de la abdominal. La acción del diafragma es casi tan automática como la del corazón, aunque él pueda ser trasformado en músculo semivoluntario por el esfuerzo de la voluntad. Cuando se dilata aumenta la capacidad del pecho y pulmones, y el aire se precipita en el vacío así formado. Cuando cesa la dilatación, el pecho y los pulmones se contraen y el aire es así expelido.

Ahora, antes de considerar lo que sucede con el aire en los pulmones, examinemos un momento cómo tienen lugar la circulación de la sangre. La sangre, como sabéis, es impelida por el corazón a través de las arterias a los capilares, llegando así a cada parte del cuerpo, que vitaliza, alimenta y fortalece. Regresa después por medio de los capilares, por otra vía, las venas, al corazón, de donde es enviada a los pulmones.

La sangre sale para su viaje arterial de un color rojo brillante y rica en cualidades y propiedades vitales, y vuelve por la ruta venosa, pobre, azul y sin brillo, cargada de los detritus del sistema. Parte como una corriente fresca de las montañas y vuelve como desagüe de albañal, dirigiéndose a la aurícula derecha del corazón. Cuando esta aurícula se ha llenado, se contrae y hace pasar la corriente de sangre a través de una abertura del ventrículo derecho del corazón, el cual a su vez la envía a los pulmones, donde es distribuida por millones de vasos capilares a las células de aire, de que hemos hablado. Volvamos ahora a las funciones de los pulmones.

La impura corriente de sangre se distribuye en los millones de delicadas células de aire de los pulmones. Al inspirar, el oxígeno del aire se pone en contacto con la sangre impura por medio de los vasos capilares, cuyas paredes son bastantes gruesas para que la sangre no pueda atravesarlas y lo suficiente delgadas para permitir al oxígeno penetrar. Cuando el oxígeno entra en contacto con la sangre, una especie de combustión tiene lugar; la sangre toma el oxígeno y pone en libertad el ácido carbónico generado de los detritus y la materia venenosa que ha recogido de todas las partes del organismo. La sangre, así purificada y oxigenada, vuelve otra vez al corazón rica, roja y brillante, cargada de propiedades y cualidades vitales. Al llegar a la aurícula izquierda del corazón es impelida dentro del ventrículo izquierdo, de donde es enviada nuevamente a través de las arterias, en misión de distribuir  la vida a todas las partes del organismo.

Se calcula que en veinticuatro horas atraviesan los capilares de los pulmones alrededor de diez y siete mil litros de sangre, pasando los corpúsculos en simple fila y exponiendo sus lados al oxígeno del aire.

Cuando se consideran los diminutos detalles del proceso aludido se siente uno invadido por el asombro y la admiración ante la solicitud e inteligencia infinitas de la Naturaleza.

Vemos que si una cantidad suficiente de aire nuevo no llega a los pulmones, la corriente impura de sangre venenosa no se purifica, y el cuerpo no sólo queda privado de nutrición, sino que los desperdicios que hubieran podido ser destruidos son devueltos a la circulación, envenenan el organismo y así ocasionan la muerte. El aire impuro obra de la misma manera, aunque en grado menor. Se verá también que sin inspirar la cantidad necesaria de aire, la sangre no puede continuar su obra, y el cuerpo insuficientemente nutrido, cae enfermo o sólo posee un estado de salud imperfecta. La sangre de uno que respira de manera impropia es, naturalmente, de un color azul oscuro, a la que le falta el rico rojo de la sangre arterial. Esto lo vemos a menudo en una pobre complexión, mientras que una respiración correcta, y, por consiguiente, una buena circulación, produce una complexión fuerte brillante y llena de salud y vida.

Un poco de reflexión nos mostrará la importancia vital de una respiración correcta. Si la sangre no es completamente purificada por el proceso regenerador de los pulmones, vuelve a las arterias en un estado anormal, sin haber eliminado las impurezas que tomó en su viaje de regreso. Si estas impurezas vuelven al sistema, se manifestarán seguramente en alguna forma de enfermedad, ya sea de la sangre, u otra, resultante del funcionamiento alterado de algún órgano o tejido insuficientemente nutrido.

Cuando la sangre es debidamente expuesta al aire en los pulmones, sus impurezas no solamente son destruidas y eliminadas con el gas ácido carbónico, sino que toma también cierta cantidad de oxígeno que lleva a todas las partes del cuerpo donde es necesario, para que la Naturaleza pueda ejecutar su obra convenientemente. Cuando el oxígeno entra en contacto con la sangre se une con la hemoglobina, y es llevado a cada célula, tejido, músculo y órgano, que vigoriza y fortalece, reemplazando las células y tejidos gastados, por nuevos materiales que la Naturaleza transforma para su uso. La sangre arterial, bien expuesta al aire contiene alrededor de 25 por 100 de oxígeno libre.

No solamente cada parte se vitaliza con el oxígeno, sino que el acto de la digestión depende materialmente de una cierta oxigenación del alimento, y esto puede realizarse únicamente cuando el oxígeno entra en contacto con el alimento y produce una cierta forma de combustión. Es, por consiguiente, necesario que una provisión suficiente de oxígeno sea almacenada por los pulmones. Esto explica el hecho de que los pulmones débiles, y digestiones pobres, se encuentren simultáneamente con tanta frecuencia. Para darse cuenta de la completa significación de esta afirmación, es necesario recordar que el cuerpo entero recibe nutrición del alimento asimilado, y que, con una asimilación imperfecta, aquella será siempre incompleta. También los pulmones dependen de la misma fuente de alimentación, y si por causa de una respiración imperfecta la asimilación se hace defectuosa, y ellos se debilitan, estarán todavía menos en condiciones para desempeñar sus funciones, y el cuerpo, a su turno, también se debilitará. Cada partícula de alimento o bebida debe ser oxigenada para que pueda ceder la propia nutrición, y los desperdicios del organismo, adquirir las condiciones necesarias para ser eliminadas del sistema. Una cantidad insuficiente de oxígeno significa nutrición imperfecta, eliminación imperfecta y salud imperfecta. En verdad, respirar es vivir.

La combustión, resultante del cambio en las materias gastadas, genera calor y equilibra la temperatura del cuerpo. Las personas que respiran bien tienen menos probabilidades de resfriarse, y, generalmente, poseen una gran abundancia de sangre que les permite resistir a los cambios de temperatura.

Además de los importantes proceso ya mencionados, el acto de la respiración ejercita los órganos y músculos internos, hecho al cual los escritores occidentales sobre la materia no dan por lo común gran importancia, mientras que los yoghis lo aprecian debidamente.

En una respiración incompleta no todas las células de los pulmones entran en función y se pierde así una gran parte de la capacidad pulmonar, sufriendo el sistema en proporción al a falta de oxigenación. Los animales inferiores, en su estado nativo, respiran naturalmente, y es indudable que el hombre primitivo hizo lo mismo. El modo anormal de vivir adoptado por el hombre civilizado, le ha apartado de aquella respiración natural, y la raza ha sufrido las consecuencias de esta desviación. La única salvación física del hombre es volver a la Naturaleza.


CAPÍTULO IV
TEORÍA ESOTÉRICA DE LA RESPIRACIÓN


La ciencia de la respiración, como muchas otras enseñanzas, tiene doble aspecto: uno esotérico o interno, y otro exotérico o externo. Su faz fisiológica puede ser denominada como la parte externa o exotérica  del asunto, y el aspecto que vamos a considerar ahora, como la esotérica o interna. Los ocultistas de todas las edades y países siempre han enseñado, por lo general en secreto, a un número reducido de discípulos, que existe en el aire una sustancia o principio del cual deriva toda actividad, vitalidad y vida.  Diferían en los términos y nombres que daban a esta fuerza así como en los detalles de las teorías, pero el principio fundamental se puede encontrar en todas las demás enseñanzas y filosofías ocultas, que durante siglos ha formado parte también de las enseñanzas de los yoghis orientales.

Con le fin de evitar confusiones nacidas de las diferentes teorías concernientes a este gran principio, las cuales están comúnmente unidas a algún nombre dado a ese principio, nosotros lo designaremos en esta obra con el término prana, palabra sánscrita que significa energía absoluta. Muchas autoridades entre los ocultistas enseñan que lo denominado prana, por los yoghis, es el principio universal de energía o fuerza, y que toda energía o fuerza deriva de este principio, o más bien, que es una forma particular de manifestación del mismo. Estas teorías no son necesarias para el examen del asunto, motivo de esta obra, y por consiguiente, nos limitaremos a considerar a prana, como el principio de energía manifestado en todas las formas vivientes y que las distingue de las inanimadas.

Podemos considerarlo como el principio activo de la vida o fuerza vital si se quiere. Se encuentra en todas las formas, desde la ameba hasta el hombre, y desde la más elemental de la vida vegetal hasta la más elevada de la vida animal. Prana compenetra todo. Háyase en todas las formas animadas, y como la filosofía oculta enseña que la vida está en todo - en cada átomo -, podemos deducir de sus enseñanzas que prana está en todas partes y en todas las cosas, y que la aparente falta de vida en algunas de ellas es solamente un grado menor de manifestación. Prana no debe confundirse con el Ego - partícula del Espíritu Divino en cada alma- alrededor de la cual se aglomera materia y energía.

Prana, es simplemente, una forma de energía empleada por el Ego en su manifestación material. Cuando el Ego abandona el cuerpo, no estando ya más el prana bajo su contralor, responde únicamente a las órdenes de los átomos individuales o grupos de átomos que forman el cuerpo, y cuando éste se desintegra y resuelve en sus elementos originales, cada átomo toma consigo el suficiente prana para mantener su vitalidad y ser capaz de formar nuevas combinaciones, volviendo el prana no empleado al gran depósito  universal de donde procede. Mientras hay contralor del Ego existe cohesión, y por su voluntad los átomos se mantienen unidos.

Prana es el nombre con que designamos un principio universal, el cual es la esencia de todo movimiento, fuerza o energía, ya se manifieste como gravitación, electricidad, revolución planetaria o cualquier forma de vida, desde la más elevada a la más inferior. Puede ser llamado el alma de la Fuerza y de la Energía en todas sus manifestaciones, o aquel principio que operando de cierta manera produce la forma de actividad que acompaña la vida.

Este gran principio existe en todas las formas de materia y, sin embargo, no es materia. Está en el aire, pero no es aire ninguno de sus elementos químicos. Los animales y vegetales lo respiran con el aire, pero si éste no lo contuviera morirían, fuera cual fuera la cantidad de aire respirada. Es tomado por el sistema conjuntamente con el oxígeno,  y, sin embargo, no es el oxígeno. El escritor hebreo autor del Génesis, conocía la diferencia que existe entre el aire atmosférico y el principio misterioso y potente contenido en él. Habla de neshemet ruach chayim, que traducido, significa: “la respiración del espíritu de vida”. En hebreo, neshemet significa la respiración ordinaria del aire atmosférico, y chayim¸, vida o vidas; mientras que la palabra ruach, quiere decir “el espíritu de vida”, que, según los ocultistas, es el mismo principio al cual denominamos prana.

Prana está en el aire atmosférico, pero está también en todas partes y penetra donde el aire no puede llegar. El oxígeno del aire juega un papel importante en el sostenimiento de la vida animal, y el carbono desempeña una función similar en la vida vegetal, pero prana tiene la suya propia y distinta en las manifestaciones de la vida, aparte de las funciones fisiológicas.

Estamos constantemente inhalando el aire cargado de prana, y constantemente también extraemos éste de aquél, apropiándolo para nuestro uso. Encontrándose el prana en su estado más libre en el aire, y en regular cantidad cuando éste es puro, los sacamos de esa fuente más fácilmente que de cualquier otra. En la respiración ordinaria, absorbemos y extraemos una cantidad normal de prana, pero por la respiración controlada y regulada (generalmente conocida como respiración yoghi), nos ponemos en condiciones de extraer una cantidad mayor, que se concentra en el cerebro y centros nerviosos para ser utilizada cuando sea necesario. Podemos almacenar prana de la misma manera que los acumuladores almacenan la electricidad. Los numerosos poderes atribuidos a los ocultistas avanzados, son debidos, en gran parte, al conocimiento de este hecho y al uso inteligente de esta energía acumulada. Los yoghis conocen que, por ciertas formas de respiración, pueden establecer determinadas relaciones con el depósito de prana y disponer de él para sus necesidades. No sólo fortalecen de esta manera todas las partes del cuerpo, sino que el cerebro mismo puede recibir un aumento de energía del mismo origen, las facultades latentes ser desarrolladas y adquirirse poderes psíquicos.

Aquel que posee la facultad de almacenar prana, sea consciente o inconscientemente, irradia a menudo vitalidad y fuerza que es sentida por los que entran en contacto con él, y tal persona puede comunicar su fuerza a otras y darles un aumento de vitalidad y  salud. Lo que es llamado “curación magnética” se produce de esta manera, aunque muchos de los magnetistas no se dan cuenta del origen de su poder.

Los científicos occidentales han tenido alguna idea de la existencia de este gran principio, del cual está cargado el aire; pero viendo que escapaba al análisis químico y que no era registrado por ninguno de sus instrumentos, han tratado generalmente con desdén la teoría oriental. No pudiendo explicar este principio, lo han negado. Sin embargo, parecen reconocer que el aire de ciertos lugares posee una cierta cantidad de algo, y, los médicos, envían los enfermos a esos lugares con la esperanza de verlos recuperar la salud.

El oxígeno del aire es asimilado por la sangre y utilizado por el sistema circulatorio. El prana del aire es asimilado por el sistema nervioso y utilizado en su obra. Y así como la sangre oxigenada circula por todas las partes del organismo y cuida de su construcción y reparación, así también prana circula por todas las partes del sistema nervioso agregando fuerza y vitalidad. Si nos representamos a prana como el principio activo de lo que llamamos vitalidad, podremos formarnos una idea mucho más clara del papel importante que desempeña en nuestra vida.

De la misma manera que el oxígeno de la sangre es consumido por las necesidades del sistema, la provisión de prana es agotada por nuestros pensamientos, voliciones, acciones, etc., y se hace necesario, en consecuencia, una reposición constante.

Cada pensamiento, acto, esfuerzo de voluntad y movimiento de un músculo gasta  una cierta cantidad de lo que llamamos fuerza nerviosa, la cual es en realidad una forma de prana.

Para mover un músculo el cerebro envía un impulso sobre los nervios y el músculo se contrae, ocasionando un gasto de prana proporcionado al esfuerzo realizado. Si se tiene en cuenta que la mayor suma de prana adquirida por el hombre le llega por medio del aire inhalado, es fácil apreciar la importancia de una respiración correcta.

jueves, 21 de abril de 2016

CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN (1 y 2)



CIENCIA HINDÚ YOGI DE LA RESPIRACIÓN
Por: Yogi Ramacharaka (William Walker Atkinson)

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CAPÍTULO I  
SALAAM

No es difícil que el estudiante occidental tenga ideas algo confusas sobre los yoghis, su filosofía y sus prácticas. Los viajeros han escrito muchos relatos fantásticos de las hordas de fakires medicantes, charlatanes, que infestan los grandes caminos y las calles de las ciudades de la india, arrogándose imprudentemente el título de “yoghi”. Así que es disculpable si el estudiante occidental cree que el yoghi típico es un extenuado, un sucio fanático  o un indio ignorante que se sienta en una postura fija hasta la osificación de su cuerpo; que eleva los brazos hasta que se ele ponen rígidos, permaneciendo en esta posición toda su vida, o que cierra el puño y lo mantiene así hasta que las uñas han crecido a través de la palma de la mano. Esta gente existe, es verdad, pero su pretensión al título de “yoghi” parece tan absurda al yoghi verdadero, como la pretensión al título de “doctor”de parte del pedicuro, al cirujano eminente, o el de “profesor” empleado por el vendedor de polvos contra la polilla, al presidente de la Universidad de Harvard o Yale.



Desde la más remota antigüedad  han existido en la India y otros países orientales personas que consagran su tiempo y atención al desarrollo físico, mental y espiritual del hombre. La experiencia adquirida por varias generaciones de diligentes investigadores, ha sido transmitida  durante siglos de maestros a discípulos y gradualmente se ha ido elaborando una ciencia yoghi perfectamente definida. A estas investigaciones y enseñanzas se aplicó finalmente el término yoghi, de la palabra sánscrita Yug, que significa juntar. De esta misma fuente procede la palabra inglesa yoke, de significado análogo. Su aplicación, en conexión con estas enseñanzas, es difícil de indicar, por el hecho de que diferentes autoridades dan sobre el asunto distintas explicaciones; pero, probablemente, la más ingeniosa de estas explicaciones es aquella que la presenta como un equivalente hindú de la idea encerrada en esta expresión inglesa: “getting into harness” “gets into harness”, se somete a cierta sujeción en su esfuerzo por contralorear el cuerpo y la mente por medio de la voluntad.

La Yoga está dividida en varias ramas, desde aquella que enseña al contralor del cuerpo hasta la que señala los medios para alcanzar el mayor desarrollo espiritual. En esta obra no tocaremos los aspectos más elevados del asunto, salvo cuando la “Ciencia de la respiración” tenga relación con ellos. La “Ciencia de la respiración” tiene muchos puntos de contacto con la Yoga, y aunque se ocupe principalmente del desarrollo de lo físico, también posee su lado psíquico y hasta penetra en el campo del desenvolvimiento espiritual.

En la India existen grandes escuelas de Yoga, a las que pertenecen millares de pensadores de aquel gran país. La filosofía yoghi es el código que rige la vida de muchos. Sin embargo, las enseñanzas puras yoghis son proporcionadas a pocos, y a las masas se les satisface con las migajas que caen de la mesa de las clases ilustradas; a este respecto la costumbre oriental es opuesta a la de occidente. Pero las ideas occidentales principian a abrirse camino aun en el oriente, y las enseñanzas que en otro tiempo se proporcionaban a unos pocos, ahora están al alcance de todos aquellos que se encuentran en condiciones de recibirlas. El oriente y el occidente se aproximan día a día, y aprovechando esta relación más íntima se influencia recíprocamente.

Los yoghis hindúes han dedicado siempre gran atención a la ciencia del a respiración, por razones que serán visibles a los lectores de esta obra.

Muchos escritores occidentales han mencionado esta faz de las enseñanzas yoghis, pero creemos que le ha estado reservado al autor de este trabajo dar al estudiante occidental, en una forma concisa y sencilla, los principios fundamentales de la ciencia de la respiración, conjuntamente con muchos de los ejercicios y métodos preferidos por los yoghis. Damos en nuestra obra la idea occidental así como la oriental, demostrando que se complementan una a la otra, presentándolas en el lenguaje más corriente y evitando los vocablos sánscritos, que producen tanta confusión en el término medio de los lectores occidentales.

La primera parte de esta obra está dedicada al aspecto físico de la ciencia de la respiración, tratando después los aspectos psíquico, mental y, finalmente el espiritual.

Esperamos que el lector nos perdonará si manifestamos la satisfacción de haber conseguido condensar tantas enseñanzas yoghi, en tan pocas páginas, y sin tener necesidad de emplear palabras y expresiones que no sean comprensibles a todos. El único temor que abrigamos, es que esta sencillez sea motivo para que algunos conceptúen la obra poco digna de atención y vayan por otro camino, en busca de algo profundo, misterioso, incomprensible. Sin embargo, el pensamiento de occidente es profundamente práctico, y sabemos que es cuestión de sólo poco tiempo, para que se reconozca la practicabilidad de este trabajo.

Enviamos a nuestros estudiantes nuestro más profundo salaam, y les rogamos se preparen a recibir las primeras lecciones de la ciencia de respirar.


CAPÍTULO II
RESPIRAR ES VIVIR

La vida depende en absoluto del acto de respirar. Respirar es vivir.
Por más que puedan estar en desacuerdo sobre detalles de teoría y terminología, los orientales y occidentales admiten estos principios fundamentales.

Respirar es vivir, y no hay vida sin respiración. No solamente los animales superiores basan la vida y salud en el respirar, sino que hasta las formas más inferiores, incluso las plantas, deben al aire su existencia.

El niño hace una larga y profunda inspiración, la retiene un momento para extraer de ella las propiedades vitales, y la exhala en un lento vagido; así da principio su vida sobre la tierra. El anciano da un débil suspiro, cesa de respirar y la vida llegó a su término. Desde el suave soplo del niño hasta el último suspiro del moribundo, se desarrolla una larga historia de continuas respiraciones.

La respiración puede considerarse como la más importante de las funciones del cuerpo, porque de ella dependen indudablemente todas las demás. El hombre común, puede vivir algún tiempo sin comer; menos, sin beber; pero sin respirar, su existencia continúa solo muy pocos minutos.

No solamente el hombre depende de la respiración para vivir, sino que también y en gran parte de los hábitos correctos de respirar, que son los que han de dar vitalidad perfecta e inmunidad contra las enfermedades. Un controlar inteligente del poder de respirar, prologa nuestros días sobre la Tierra, dándonos una suma mayor de resistencia, mientras que  una respiración descuidada, tiende a disminuir nuestros días, decrece nuestra vitalidad y nos coloca en condiciones favorables a ser presa de las enfermedades.

El hombre, en su estado natural, no tuvo necesidad de que le suministraran instrucciones para respirar, y de la misma manera que el animal inferior y el niño, respiraba natural y debidamente, según los designios de la Naturaleza; pero en eso también ha sufrido la influencia modificadora de la civilización. Ha contraído costumbres y actitudes perniciosas en el caminar, pararse y sentarse, que le han despojado del derecho primitivo de una respiración correcta y natural. Ha pagado un precio muy elevado por la civilización.

En la actualidad, el salvaje respira naturalmente, a no ser que haya sido contaminado con los hábitos del hombre civilizado.

El porcentaje de los hombres civilizados que respiran correctamente es muy reducido, y el resultado puede observarse en los pechos contraídos, en los hombros caídos y en el espantoso aumento de las enfermedades de los órganos respiratorios, incluyendo el terrible monstruo de la consunción, el azote blanco. Autoridades eminentes, han asentado que una generación de respiradores normales, regeneraría la raza; y que, la enfermedad sería rara y al manifestarse la considerarían como un objeto de curiosidad. Si se estudia el asunto se observará que la relación entre la respiración natural y la salud, es evidente y explicable, sea que lo consideremos bajo el punto de vista oriental u occidental.

Las enseñanzas occidentales demuestran que la salud física depende esencialmente de una respiración correcta. Los maestros de oriente no sólo admiten que sus hermanos occidentales tienen razón, sino que también sostienen que además del beneficio físico derivado de una respiración normal, el poder mental del hombre, su felicidad, el dominio sobre sí mismo, claridad de vistas, moralidad y aun su crecimiento espiritual, pueden ser aumentados penetrándose de la ciencia de la respiración. Muchas escuelas de filosofía oriental han sido fundadas sobre esta ciencia; y las razas occidentales, una vez que hayan adquirido su conocimiento, obtendrán, dado su espíritu práctico, grandes resultados. La teoría del oriente, unida a la del occidente, dará su fruto de gran trascendencia.

Esta obra tratará de la ciencia yoghi de la respiración, que incluye todo lo que es conocido por el fisiólogo e higienista occidental y además el aspecto oculto del asunto. No sólo señala el camino hacia la salud física, de acuerdo con lo llamado "respirar profundo" por los científicos occidentales, sino que también penetra en las fases menos conocidas de la cuestión, mostrando cómo el yoghi hindú controla su cuerpo, aumenta su capacidad mental y desarrolla el lado espiritual de su naturaleza por la ciencia de la respiración.

El yoghi realiza una serie de ejercicios por medio de los cuales obtiene el dominio de su cuerpo, y lo habilita para enviar a cualquier órgano, o parte, una mayor corriente de fuerza vital o prana, fortaleciendo y vigorizando de esta forma la parte u órgano que desea.

Está familiarizado con todo lo que su hermano científico occidental conoce sobre los efectos fisiológicos de una respiración correcta, pero sabe también que hay algo más en el aire que oxígeno, hidrógeno y nitrógeno; y que, la simple oxigenación de la sangre no es el único fenómeno que se produce al respirar. Conoce algo acerca del prana que sus hermanos de occidente ignoran, y está al corriente de la naturaleza y manera de manipular este gran principio de energía; está perfectamente informado de sus efectos sobre el cuerpo y la mente humana. Sabe que, con una respiración rítmica, se pueden colocar en vibración armónica con la naturaleza y ayudar al desenvolvimiento de sus poderes latentes; y que controlando su respiración, no sólo puede curarse a sí mismo y a otros, sino también desterrar el temor, las preocupaciones y emociones inferiores.

Enseñar esto es el objeto de la obra. Queremos dar en pocos capítulos explicaciones concisas  e instrucciones que podrían ocupar volúmenes. Esperamos despertar la noción del valor de la ciencia de la respiración.